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Eficiencia7 min de lectura

Cómo leer un análisis de gases: O₂, CO y exceso de aire

Qué significan realmente los números que entrega el analizador y cómo usarlos para ajustar un quemador sin apagar la llama ni quemar de más.

Un analizador de gases entrega media docena de números en pantalla. La mayoría de los operadores mira uno solo: el rendimiento. Es una lástima, porque el rendimiento es el número menos accionable de todos. Los que sirven para decidir qué tocar son el oxígeno y el monóxido de carbono, y hay que leerlos juntos.

Este artículo explica qué significa cada lectura, cómo se relacionan entre sí y qué se hace con esa información un martes cualquiera frente a un quemador.

Por qué sobra aire a propósito

La química de la combustión es exigente: para quemar un metro cúbico de metano hacen falta exactamente dos de oxígeno. Con menos, parte del combustible no alcanza a reaccionar. En el papel, la cantidad exacta —la relación estequiométrica— sería lo óptimo.

En la práctica no lo es. Dentro de una cámara de combustión el aire y el combustible no se mezclan de manera perfecta ni instantánea. Siempre queda una zona donde el combustible encuentra menos oxígeno del que necesita. Si se alimenta la cantidad justa, esas zonas producen inquemados: combustible que sale por la chimenea sin haber entregado su energía, y hollín que se deposita en las superficies de intercambio.

Por eso todo sistema real opera con exceso de aire: se alimenta más del teórico para garantizar que hasta la molécula peor ubicada encuentre oxígeno.

El costo de ese seguro es directo. Todo el aire que entra a la cámara se calienta hasta la temperatura de los gases de salida y se va por la chimenea. El nitrógeno, que es el 79% del aire y no participa en la reacción, se lleva energía que pagaste. Cuanto más exceso, más energía perdida.

De ahí el problema central del ajuste: poco aire produce inquemados, mucho aire produce pérdida por chimenea. El trabajo consiste en encontrar la banda entre ambos extremos.

El oxígeno dice cuánto aire sobra

El analizador mide el O₂ residual en los gases de salida, en porcentaje seco. Ese número es una medida directa del exceso de aire.

Como referencia gruesa para combustión de gas natural:

| O₂ en gases | Exceso de aire aprox. | Interpretación | |---|---|---| | 1 % | ~5 % | Muy ajustado, riesgo de inquemados | | 2–3 % | 10–15 % | Rango objetivo típico | | 5 % | ~30 % | Holgado, hay margen de mejora | | 8 % | ~60 % | Desajustado o con infiltraciones | | 12 % | ~130 % | Algo está francamente mal |

Los valores cambian según el combustible: el fuel oil y el carbón toleran menos ajuste que el gas, porque su mezcla es más difícil. Un quemador de gas bien regulado y con buena mezcla puede sostener 2% de O₂; uno de petróleo pesado rara vez baja de 3,5% sin generar humo.

Advertencia importante. Un O₂ alto no siempre significa que el quemador esté alimentando aire de más. Puede significar que entra aire falso: por una puerta de inspección mal sellada, por una junta de expansión rota, por el eje de un ventilador. Ese aire nunca pasó por el quemador, no participó en la combustión, y sin embargo se calienta y se va por la chimenea. Antes de tocar el ajuste del quemador, conviene descartar infiltraciones.

El monóxido dice cuánto combustible se escapa

El CO es el indicador de combustión incompleta. Cuando el carbono no encuentra oxígeno suficiente para formar CO₂, se queda en CO: una molécula que todavía contiene energía química aprovechable y que sale por la chimenea sin entregarla.

Rangos de referencia:

  • Bajo 50 ppm. Combustión limpia. Es donde debería estar un equipo bien ajustado.
  • 50–200 ppm. Aceptable en algunos procesos, pero indica que el margen se está acortando.
  • Sobre 200 ppm. Hay un problema. Puede ser falta de aire, mala mezcla o un quemador sucio.
  • Sobre 1000 ppm. Además de la ineficiencia, hay un asunto de seguridad que atender antes que cualquier consideración de rendimiento.

El CO tiene una propiedad que lo hace muy útil: no sube gradualmente, se dispara. Mientras hay oxígeno suficiente se mantiene bajo y casi plano. Al cruzar el límite, trepa de forma abrupta. Ese quiebre es el dato más valioso que entrega el instrumento.

El método: buscar el codo del CO

El procedimiento clásico de ajuste consiste en encontrar ese quiebre.

Con el equipo estabilizado en su carga de trabajo habitual, se reduce el aire de combustión en pasos pequeños. En cada paso se espera a que las lecturas se estabilicen —entre uno y dos minutos, no diez segundos— y se anotan O₂ y CO.

Al principio el O₂ baja y el CO no se mueve. Se sigue bajando. En algún punto el CO empieza a subir de manera clara: ese es el codo, el límite físico de ese quemador en esa condición.

Desde ahí se retrocede: se sube el aire hasta quedar entre 1 y 2 puntos porcentuales de O₂ por sobre el punto de quiebre. Ese margen no es un capricho. Es lo que absorbe las variaciones normales de operación: cambios de densidad del aire por temperatura ambiente, fluctuaciones de presión de gas, ensuciamiento progresivo del quemador. Sin ese colchón, el equipo funciona perfecto el día del ajuste y produce CO tres semanas después.

El ajuste debe repetirse en cada punto de carga relevante. Un quemador modulante regulado solo a fuego alto puede estar completamente desajustado a fuego bajo, que muchas veces es donde pasa la mayor parte del tiempo.

Qué hacer con los números

Un caso concreto. Un horno operando con 8% de O₂ y CO en 30 ppm.

El CO bajo indica que no falta aire. El O₂ alto indica que sobra bastante. La conclusión es que hay margen: se puede bajar el aire sin entrar en combustión incompleta.

Como regla práctica ampliamente usada en la industria, cada punto porcentual de O₂ que se reduce equivale a algo del orden de un 0,5% de ahorro de combustible, con fuerte dependencia de la temperatura de los gases de salida. Bajar de 8% a 3% de O₂ significa, en ese orden de magnitud, entre un 2 y un 2,5%.

Sobre un consumo anual de cien millones de pesos son entre dos y dos millones y medio al año, por un ajuste que toma una mañana. Conviene verificarlo con las condiciones reales del equipo antes de comprometer la cifra en un informe.

El caso inverso también aparece: O₂ en 2% y CO en 800 ppm. Ahí el equipo está demasiado ajustado. Se está perdiendo combustible sin quemar, ensuciando superficies de intercambio y, en el peor escenario, acumulando condiciones para una deflagración en el arranque. La corrección es abrir aire, aunque el rendimiento que muestra la pantalla baje un poco.

Lo que el analizador no ve

Tres limitaciones que conviene tener presentes.

Una medición puntual no describe una operación. Los gases se midieron en una condición de carga, con una temperatura ambiente y con el equipo en cierto estado de limpieza. Si el proceso es variable, hace falta medir en varias condiciones para tener una foto real.

El punto de muestreo importa. Una sonda ubicada después de una infiltración mide el aire falso además de los gases de combustión, y el diagnóstico sale mal. La toma debe estar lo más cerca posible de la salida de la cámara.

Los instrumentos derivan. Una celda electroquímica de O₂ dura del orden de uno a dos años; la de CO, algo menos. Un analizador sin calibración vigente entrega números convincentes y equivocados, que es la peor combinación posible.

En resumen

  • El O₂ mide cuánto aire sobra; el CO mide cuánto combustible se pierde. Solo tienen sentido leídos juntos.
  • El ajuste consiste en encontrar el punto donde el CO se dispara y quedarse uno o dos puntos de O₂ por encima.
  • Hay que ajustar en todos los puntos de carga, no solo a fuego alto.
  • Un O₂ alto puede ser exceso de aire o infiltración: son problemas distintos con soluciones distintas.
  • Cada punto de O₂ reducido vale del orden de 0,5% de combustible.

Si tienes las lecturas de tu equipo y no sabes cómo interpretarlas, envíanoslas. Leer un análisis de gases toma diez minutos y no tiene costo.